El Librito Azul - Audiolibro de CONNY MÉNDEZ - 1969

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El Librito Azul
Audiolibro de CONNY MÉNDEZ - 1969

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EL LIBRITO AZUL - Audiolibro de CONNY MÉNDEZ - 1969

Descripción

  • 411,683 vistas 9 jul 2023 #metafisica #connymendez #audiolibro
  • Cada audiolibro metafísico debe escucharse muchas veces. Cada vez que se escucha se comprende mejor. Sin embargo, sólo lo que se practica se queda dentro de nosotros. Lo que sólo se escucha y no se pone en práctica, se va. "Lo que pidas para ti, pídelo para los demás" - Conny Méndez
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  • ⏱️ CAPÍTULOS:

00:00 Inicio
00:11 Introducción
01:57 1. Cristianismo Dinámico
09:56 2. La Mecánica del Pensamiento
13:55 3. La Fórmula Infalible
20:17 4. El Decreto
25:42 5. La Fe Mueve Montañas
37:45 6. Amor
46:30 Decretos y Afirmaciones
49:28 Metafísica de los 10 Mandamientos
58:57 Sobre la Autora

#metafisica #connymendez #audiolibro

Transcripción

  • El librito azul por Conny Méndez, 1969.
  • Capítulo 2: Introducción

El presente librito está escrito en lo que esta autora llama "palabras de a centavo", o sea, en los términos más sencillos para que sea comprensible al que necesita conocer la verdad de Dios y que no tiene conocimiento para poder digerir los textos de psicología y metafísica tal como están escritos en castellano. Cada vez que oímos o leemos algo nuevo desconocido para nosotros, se desperezan células que estaban dormidas en nuestro cerebro. La segunda vez que tropezamos con aquella idea nueva, la comprendemos un poquito mejor. Las células movidas comienzan a trabajar la idea y al poco tiempo se hace la luz en nuestra mente. O sea, que aceptamos la idea, la adoptamos y la ponemos en práctica automáticamente. Así es como vamos despertando, aprendiendo, evolucionando y adelantando. No es necesario hacer esfuerzos sobrehumanos para que nos penetren las cosas en la cabeza, es un proceso natural. Eso sí, hay que poner de nuestra parte la buena voluntad de releer, volver a releer y volver a leer hasta que sentimos que lo aprendido es automático. Eso es todo.

Lleva contigo en tu cartera o tu bolsillo un ejemplar de este librito, pon otro en tu mesa de noche, relee los a menudo, sobre todo cada vez que se te presente un problema, cada vez que te enfrentes a una situación angustiosa o molesta. No importa cuál sea, te va a ocurrir algo asombroso. Y es que el librito se abrirá en la página que te conviene consultar y pensarás: "Vaya, parece que esto fue escrito para mí". Deseo que esta obrita te traiga toda la paz y la prosperidad que ha traído a tantos otros. Se te bendice.

  • Capítulo 3: 1. Cristianismo Dinámico

Cristianismo Dinámico. Antes de emprender cualquier oficio, el candidato que lo va a desempeñar recibe instrucciones o estudia la técnica del mismo. Sin embargo, hay uno que emprende su cometido totalmente a ciegas, sin instrucciones, sin técnica, sin brújula, con paso desviado, sin nociones de lo que va a encontrar. Es el ser humano que es lanzado a la tarea de vivir sin saber siquiera qué cosa es la vida, sin saber por qué algunas vidas transcurren en medio de la opulencia y las satisfacciones, mientras otras las pasan en la miseria y el sufrimiento. Una se inician con todas las ventajas que pueda idear el afecto y, sin embargo, las persigue un atajo de calamidades.

El ser humano se debate en conjeturas todas cerradas y llega el día de su muerte sin que él haya adivinado siquiera la verdad respecto a todo esto. Aprende la gran verdad: lo que tú piensas se manifiesta. Los pensamientos son cosas. Es tu actitud la que determina todo lo que te sucede. Tu propio concepto es lo que tú ves, no solamente en tu cuerpo y en tu carácter, sino en lo exterior, en tus condiciones de vida, en lo material. Sí, tal como lo oyes, los pensamientos son cosas. Ahora verás, si tú tienes costumbre de pensar que eres de constitución saludable, hagas lo que hagas, siempre serás saludable. Pero cambias tu manera de pensar, te dejas infundir el temor de las enfermedades y comienzas a enfermarte. Pierdes la salud. Si naciste en la riqueza, es posible que siempre seas rico, a menos que alguien te convenza de que existe el destino y comiences a creer que el tuyo puede cambiar de acuerdo con los golpes y reveses, porque así lo estás creyendo.

Tu vida, lo que te ocurre, obedece a tus creencias y a lo que expreses en palabras. Es una ley, un principio. Sabes lo que es un principio: es una ley invariable que no falla jamás. Esta ley se llama el principio de mentalismo. Si en tu mente está radicada la idea de que los accidentes nos acechan a cada paso, si crees que los achaques de la vejez son inevitables, si estás convencido de tu mala o buena suerte, lo que quiera que tú esperes, normalmente en bien o en mal, esa es la condición que verás manifestarse en tu vida y en todo lo que haces. Ese es el porqué de lo que te ocurre. No estás jamás consciente de las ideas que llenan nuestra mente. Ellas se van formando de acuerdo con lo que nos enseñan o lo que oímos decir. Como casi todo el mundo está ignorante de las leyes que gobiernan la vida, leyes llamadas de la creación, casi todos pasamos nuestra vida fabricándonos condiciones contrarias, viendo tornarse mal o aquello que prometía ser tan bueno, tanteando, como quien dice, a ciegas, sin brújula, timón ni compás, achacándole nuestros males a la vida misma y aprendiendo a fuerza de golpes y porrazos, o atribuyéndoselos a la voluntad de Dios.

Nacer con libre albedrío significa haber sido creado con el derecho individual de escoger: escoger pensar negativa o positivamente, pesimista o optimistamente, pensándolo feo y lo malo que produce lo feo y lo malo, o pensándolo bueno y bello, que produce lo bueno y bello en lo exterior o interior. La metafísica siempre ha enseñado que lo que pensamos a menudo pasa al subconsciente y se establece allí, actuando como reflejo. La psicología moderna al fin lo ha descubierto. El hombre ve que Dios le atiende a veces y que otras veces, inexplicablemente, no atiende. En este último caso es cuando sus familiares lo consuelan diciéndole que hay que resignarse ante la voluntad de Dios, es decir, que todos dan por sentado que la voluntad del creador es mala. Pero al mismo tiempo, la religión enseña que Dios es nuestro padre, un padre todo amor, bondad, misericordia, todo sabiduría y eterno. Estás viendo cómo no concuerdan estas dos teorías. Te parece de sentido común que un padre todo amor e infinitamente sabio pueda sentir y expresar mala voluntad hacia sus hijos.

Nosotros, padres y madres mortales, no seríamos jamás capaces de atribular a ningún hijo con los crímenes que le atribuimos a Dios. Nosotros no seríamos capaces de condenar a fuego eterno a una criatura nuestra por una falta natural de su condición mortal. Consideramos que Dios es capaz, es decir, que sin que nos demos cuenta, le estamos atribuyendo a Dios una naturaleza de magnate caprichoso, vengativo, lleno de mala voluntad, pendiente de nuestra menor infracción para atestarnos castigos fuera de toda proporción. Es natural pensar así cuando nacimos, vivimos ignorando las reglas y las leyes básicas de la vida. Ya dijimos la razón de nuestras calamidades: las producimos con el pensamiento. En esto es que somos imagen y semejanza del creador. Somos creadores, los creadores, cada cual de su propia manifestación.

Ahora, ¿por qué es que Dios parece atender a veces y otras no? Ya verás. La oración es el pensamiento más puro y más alto que se puede pensar. Es polarizar la mente en el grado más altamente positivo. Son vibraciones de luz que lanzamos cuando oramos, o sea, cuando pensamos en Dios. Esas vibraciones tienen que transformar instantáneamente en perfecto y bello todas las condiciones oscuras que rodean, como cuando se lleva una lámpara a una habitación que esté en tinieblas. Siempre que el que esté orando piense y crea que ese Dios a quien le pide es un padre amoroso que desea dar todo lo bueno a su hijo, en ese caso Dios siempre atiende. Pero como por lo general la humanidad tiene costumbre de pedir así: "Ay, papá Dios, sácame de este apuro, que yo sé que vas a pensar que no me conviene porque tú quieres imponerme esta prueba". En otras palabras, ya negó toda posibilidad de recibirlo. Tiene más fe en ese Dios que nos enseñaron caprichoso, vengativo, lleno de mala voluntad, que no está sino atisbando a que cometamos la primera infracción para atestarnos castigos de una crueldad satánica.

Pues el que así pide no recibe sino de acuerdo a su propia imagen de Dios. Es tan sencillo como te lo digo. Ahora no vuelvas a olvidar jamás que la voluntad de Dios para ti es el bien, la salud, la paz, la felicidad, el bienestar, todo lo bueno que Él ha creado. No vuelvas a olvidar jamás que Dios no es ni el juez, ni el policía, ni el verdugo, ni el tirano que te han hecho creer. La verdad es que Él ha creado siete leyes, siete principios que funcionan en todo y siempre, no descansan un solo minuto. Se encargan de mantener el orden y la armonía en toda la creación. No se necesitan policías en el espíritu. Aquel que no marcha con la ley se castiga a sí mismo. San Pablo dijo que Dios está más cerca de nosotros que nuestros pies y nuestras manos, más aún que nuestra respiración, de manera que no hay que pedirle a gritos que nos oiga. Basta con pensar en Él para que ya comience a componerse lo que parece estar descompuesto. Él nos creó, Él nos conoce mejor de lo que nos podemos conocer nosotros. Él sabe por qué actuamos de esta o aquella manera y no espera que nos comportemos como santos cuando apenas estamos aprendiendo a caminar en esta vida espiritual.

Voy a rogarte que no creas nada de lo que te estoy diciendo sin primero comprobarlo. Es tu derecho divino y soberano. No hagas lo que has hecho hasta ahora: aceptar todo lo que oyes y todo lo que ves sin darte la oportunidad de juzgar entre el bien y el mal.


  • Capítulo 2: La mecánica del pensamiento.

Todo el día y toda la noche estamos pensando una infinidad de cosas distintas. Pasa por nuestra mente una especie de película cinematográfica constante. Aunque desconectada entre tantas ideas diferentes, nos detenemos a contemplar, examinar o estudiar algunas más que otras. ¿Por qué? Porque nos han estimulado el sentimiento, nos han producido un sentimiento de temor o de antipatía, de simpatía o de lástima, un sentimiento de agrado o de desagrado. No importa, el hecho es que por aquel sentimiento la idea nos interesa. La repasamos más tarde, tal vez la comentamos con alguien. Esto es meditar, y lo que así se medita pasa al subconsciente y se graba allí. Una vez que se graba una idea en el subconsciente, se convierte en un reflejo.

Tú sabes que cuando el médico te da un golpecito con algún objeto en un sitio alrededor de la rodilla, tu pierna da un salto. Te han tocado un punto sensible y has reaccionado. No en esa misma forma, cada vez que ocurre en tu vida algo referente a una de las ideas que están grabadas en tu subconsciente, el reflejo reacciona en la forma exacta en que fue grabado. Tú adoptas una actitud de acuerdo con el sentimiento original que sentiste cuando primero pensaste en aquella idea. Los metafísicos llamamos a esto un concepto, o sea, una creencia, una convicción. El subconsciente no discierne, no decide nada, no opina ni piensa por sí solo. No tiene poder para protestar, no tiene voluntad propia. Esas no son sus funciones. Su única función es la de reaccionar, poniendo a la orden el reflejo que se le ha dado. Él es, en este sentido, un maravilloso archivador, secretario, bibliotecario automático que ni descansa ni falla jamás.

Tampoco tiene sentido del humor. No sabe cuándo una orden ha sido dada en chiste o en serio. De manera que si tu nariz es un tantico abultada y si tú, por hacer reír a los demás, adoptas el chiste de llamarla "mi nariz de papa rellena", por ejemplo, como el subconsciente es un servidor exacto, no tiene sentido del humor y solo sabe obedecer incondicionalmente. Tratará por todos los medios de cumplir la orden que le han dado tus palabras y tu sentir, y verás a tu nariz parecerse más y más a una papa rellena.

La palabra metafísica quiere decir "más allá de lo físico", o sea, la ciencia que estudia y trata de todo lo que está invisible a los sentidos físicos. Te da la razón de ser de todo lo que no comprendemos, de todo lo misterioso. Y es exacta, como comprobarás a medida que leas este librito. Ahora verás, recordarás tú la primera vez que oíste mencionar la palabra "catarro". No lo recuerdas, ¿verdad? Eras muy pequeñito. La palabra la dijeron tus mayores, te enseñaron a temerla a fuerza de repetirla, te instruyeron a comprenderla, te dijeron que no te mojaras los pies, que no te pusieras en una corriente de aire, que no te acercaras a alguien porque tenía catarro y se le pegaba, etcétera, etcétera. Todo lo cual se fue grabando en tu subconsciente y formando allí un reflejo. No tuviste jamás que recordar las advertencias de tus mayores. El daño estaba hecho. De allí en adelante, tu subconsciente te ha brindado un catarro cada vez que te has colocado en una corriente de aire, cada vez que se te han mojado los pies, cada vez que te acercas a un acatarrado, y cada vez que tú oyes decir que anda por allí una epidemia de gripe o de catarro.

Tu voluntad negativa o positiva es el imán que atrae hacia ti los gérmenes, las circunstancias adversas o las buenas. Como ya hemos dicho, tu actitud negativa o positiva ante los hechos determina los efectos para ti.

  • Capítulo 3: La fórmula infalible.
Quedamos en que cada mente humana contiene una acumulación de opiniones, convicciones o conceptos cerrados, contrarios a la verdad y en conflicto con los principios básicos de la creación, y que están perpetuamente manifestando en las condiciones exteriores todas esas calamidades y sufrimientos que aquejan al ser humano y al mundo en general: enfermedades, accidentes, dolencias, pleitos, desarmonías, escasez, fracasos y hasta la muerte.

Felizmente, nada de eso se ajusta a la verdad del ser. Felizmente existe la manera de borrar todas esas creencias falsas y de sustituirlas por correctas que no solamente produzcan condiciones y circunstancias positivas, buenas, felices y correctas, sino que, una vez corregido el error y establecida la verdad en el subconsciente, nunca más podrán volver a suceder las cosas negativas en nuestras vidas. La orden ha sido cambiada, el imán ha cambiado de polo. Es absolutamente imposible atraer algo que no encuentre ya su correspondencia en nosotros.

La fórmula infalible es la siguiente: cada vez que te ocurra algo indeseable, que te enfermes, que te ocurra un accidente, que te roben, que te ofendan, que te molesten, o que tú seas la causa de algún mal hacia otro o hacia ti mismo, si eres afligido por un defecto físico o moral o de carácter, si te desagrada alguien, si lo detestas, o sea, más de lo debido y sufres por esto, si te torturan los celos, si te enamoras de alguien que pertenezca a otro, si eres víctima de una injusticia o eres víctima del dominio de otro, conoce la verdad. Así Jesucristo, el más grande de todos los maestros de metafísica, dijo: "Conoced la verdad y ella os hará libres".

La verdad, la ley suprema, es la armonía perfecta, la belleza, la bondad, la justicia, la libertad, la salud, la inteligencia, la sabiduría, el amor, dicha. Todo lo opuesto es apariencia, es contrario a la ley suprema de la armonía perfecta; luego es mentira. Porque es contrario a la verdad, tu yo superior es perfecto en este momento y siempre ha sido perfecto. No puede enfermarse porque es vida, no puede morir por la misma razón. No puede envejecer, no puede sufrir, no puede temer, no puede pecar, no tiene que luchar, no puede cambiar jamás. Es bello, es amor, inteligencia, sabiduría, dicha. Esa es la verdad, es tu verdad, la mía, la de todos los seres humanos ahora mismo.

No es que el ser humano sea Dios, así como una gota de agua de mar no es el mar, pero contiene todo lo que forma y contiene el mar en un grado infinitesimal. Y para un átomo, esa gota de agua es un mar. Cualquier cosa que estés manifestando que te esté ocurriendo contraria a la armonía perfecta, o que tú mismo estés haciendo o sufriendo contraria a la armonía perfecta, se debe a una creencia errada que tú creaste, ya lo sabes, y que por reflejo estás lanzando hacia afuera y atrayendo su igual del exterior. No tiene nada que ver con tu yo superior. Este continúa perfecto; sus condiciones y su situación son perfectas.

Ahora, en cada una de las circunstancias enumeradas más arriba, debes recordar lo que te acabo de decir primeramente y luego decir mentalmente o en voz alta, como quieras: "No lo acepto". Dilo con firmeza, pero con infinita suavidad. Los trabajos mentales no necesitan de la fuerza física. Ni el pensamiento ni el espíritu tienen músculos. Cuando tú digas "no lo acepto", hazlo como si dijeras "no me da la gana", tranquilamente, pero con la misma convicción y firmeza, sin gritar, sin violencia, sin un movimiento, sin brusquedad.

Me hago comprender. Después de haber dicho "no lo acepto", recuerda que tu yo superior es perfecto, que sus condiciones son perfectas. Ahora di: "Declaro que la verdad de este problema es armonía, amor, inteligencia, justicia, abundancia, vida, salud, etcétera". Cualquiera que sea lo opuesto a la condición. No tienes por qué creer ciegamente lo que estás leyendo. Debes comprobarlo tú mismo. En el lenguaje metafísico, esto se llama un tratamiento. Después de todo tratamiento, hay que conservar la actitud que se ha declarado. No se puede uno permitir que entre la duda respecto a la eficacia del tratamiento, ni se puede volver a expresar en palabras los conceptos, opiniones y creencias de antes, porque se destruye, se anula el tratamiento.

El propósito es el de transformar el patrón mental que ha estado dominando en el subconsciente, o sea, el clima mental en que has estado viviendo con toda tu serie de circunstancias negativas. San Pablo dijo: "Sois transformados por la renovación de vuestra mente". Esta renovación se hace cambiando cada creencia antigua a medida que vayan presentándose ante nuestra vida. Hay convicciones que están tan arraigadas que son lo que se llama, en el lenguaje metafísico, cristalizaciones. Estas requieren más trabajo que otras, pero cada negación y afirmación que se haga respecto a estas cristalizaciones va borrando el diseño original hasta que desaparece totalmente y no queda sino la verdad.

Verás los milagros que ocurren en tu vida, en tu ambiente y en tus condiciones. Tú no tienes defectos, sino apariencia de defectos. Lo que ves como defectos morales o físicos son transitorios, porque al conocer la verdad de tu yo verdadero, tu Cristo, tu ser superior, es perfecto, hijo de Dios hecho a semejanza del Padre. Comienzan a borrarse las imperfecciones que tú estás presentando al mundo. Es un hecho constatable. Todo estudiante de metafísica cristiana te puede corroborar lo que acabo de decirte. Esta es la gran verdad, no la olvides jamás.

Comienza ahora mismo a practicarla. Mientras más se practica, más se realiza, más se adelanta y más feliz te sentirás.

  • Capítulo 4: El decreto.
Cada palabra que se pronuncia es un decreto que se manifiesta en lo exterior. La palabra es el pensamiento hablado. Jesús dijo dos cosas que no han sido tomadas en serio: "Una, por tus palabras serás condenado; y dos, por tus palabras serás justificado". Esto no significa que los demás nos juzgarán por lo que decimos, aunque esto también es verdad, como habrás visto ya. El maestro enseñaba metafísica, solo que la raza no estaba aún lo suficientemente madura para entenderla. En varias ocasiones lo advirtió, diciendo que tenía aún muchas otras cosas que decir, pero que no podrían ser comprendidas. En otras ocasiones dijo que aquel que tuviera oídos para oír, que escuchara.

La segunda referencia que hizo al poder de la palabra fue: "No es lo que entra por su boca lo que contamina al hombre, sino lo que de su boca sale", porque lo que de la boca sale del corazón procede. Más claro no se puede expresar. Te propongo que pongas atención a todo lo que tú decretas en un solo día. Vamos a recordártelo: "Los negocios están malísimos, las cosas andan muy malas, la juventud está perdida, el tráfico está imposible, el servicio está insoportable. No se consigue servicio, no dejes eso rodando porque te lo van a robar, los ladrones están asaltando en todas las esquinas. Tengo miedo de salir, mira que te vas a caer, cuidado que te matas, te va a pisar un carro, vas a romper eso. Tengo muy mala suerte, no puedo comer eso, me hace daño, mi mala memoria, mi alergia, mi dolor de cabeza, mi reumatismo, mi mala digestión. Ese es un bandido, esa es una desgraciada, tenía que ser".

Cuando no te sorprendas ni te quejes si al expresarlo lo ves ocurrir. Lo has decretado, has dado una orden que tiene que ser cumplida. Ahora recuerda y no olvides jamás: cada palabra que pronuncias es un decreto, positivo o negativo. Si es positivo, se te manifiesta en bien; si es negativo, se te manifiesta en mal. Si es contra el prójimo, es lo mismo que si lo estuvieras decretando contra ti. Se te devuelve. Si es bondadoso y comprensivo hacia el prójimo, recibirás bondad y comprensión de los demás hacia ti.

Y cuando te suceda algo molesto, negativo, desagradable, no digas: "Pero si yo no estaba pensando ni temiendo que me fuera a suceder esto". Ten la sinceridad y la humildad de tratar de recordar en cuáles términos te expresaste de algún prójimo, en qué momento salió de tu corazón un concepto viejísimo arraigado allí que tal vez no es sino una costumbre social, como la generalidad de esas citadas más arriba, y que tú realmente no tienes deseos de seguir usando.

Como el sentimiento que acompaña a un pensamiento es lo que logra más firmemente en el subconsciente, el maestro Jesús, que jamás empleó palabras superfluas, lo expresó muy bien al decir: "Lo que de la boca sale del corazón procede". Y esto nos da la clave inequívoca. El primer sentimiento que nos enseña es el temor. Nos lo enseñan nuestros padres primeramente y luego nuestros maestros de religión. Al sentir un temor, se nos acelera el corazón. Solemos decir: "Por poco se me sale el corazón por la boca", para demostrar el grado de temor que sentimos en un momento dado.

El temor es lo que está por detrás de todas las frases negativas que te he citado más arriba. San Pablo dijo: "Somos transformados por la renovación de nuestras mentes". Cada vez que te encuentres diciendo una frase negativa sabrás qué clase de concepto errado tienes arraigado en el subconsciente. Sabrás a qué clase de sentimiento obedece: temor o desamor. Tájalo, bórralo, negándolo por mentiroso y afirma la verdad si no quieres continuar manifestándolo en tu exterior.

Al poco tiempo de esta práctica notarás que tu hablar es otro, que tu modo de pensar es otro. Tú y tu vida se estarán transformando por la renovación de tu mente. Cuando estés en reunión con otras personas, te darás perfecta cuenta de la clase de conceptos que poseen y los constatarás en todo lo que les ocurre. Siempre que escuches conversaciones negativas, no afirmes nada de lo que expresen. Piensa: "No lo acepto, ni para mí ni para ellas". No tienes que decírselo a ellas. Es mejor no divulgar la verdad que estás aprendiendo, no porque haya que ocultarlo, sino porque hay una máxima ocultista que dice: "Cuando el discípulo está preparado, aparece el maestro".

Por ley de atracción, todo el que está preparado para subir de grado es automáticamente acercado al que lo pueda adelantar. De manera que no trates de hacer labor de catequista. No obligues a nadie a recibir lecciones sobre la verdad porque te puedes encontrar que aquellos que tú creías más dispuestos son los que menos simpatizan con ella. A esto se refería Jesús cuando dijo: "No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen y se vuelvan y os despedacen".

  • Capítulo cinco: La fe mueve montañas.

¿Por qué y cómo? Todo el mundo conoce el dicho y lo repite a menudo. Lo repite como loro, pues no saben en realidad lo que significa ni por qué ni cómo es eso que la fe mueve montañas. Pocos saben que el temor también mueve montañas. El temor y la fe son una misma fuerza. El temor es negativo y la fe es positiva. El temor es fe en el mal, o sea, la convicción de que va a ocurrir lo malo. La fe es la convicción de que lo que va a ocurrir es bueno o que va a terminar bien.

El temor y la fe son las dos caras de una misma medalla. Fíjate bien, tú jamás temes que te vaya a suceder algo bueno, ni tampoco dices jamás que tienes fe en que te va a ocurrir lo malo. La fe siempre se asocia a algo que deseamos y no creo que tú desees el mal para ti. A este le temes, no es así. Todo lo que tú temes lo atraes y te ocurre. Ahora, cuando te ocurre, generalmente dices con aire triunfante: "Ajá, yo lo sabía, lo presentí", y sales corriendo a contarlo y repetirlo como para lucir tus dotes de clarividente. Y lo que en realidad ha sucedido es que lo pensaste con temor, lo presentiste. Claro, lo presentiste tú mismo, lo estás diciendo.

Ya tú sabes que todo lo que se piensa sintiendo al mismo tiempo una emoción es lo que se manifiesta o se atrae. Tú lo anticipaste y lo esperaste. Anticipar y esperar es fe. Ahora, fíjate que todo lo que tú esperas con fe te viene, te sucede. Entonces, si sabes que esto es así, ¿qué te impide usar la fe para todo lo que tú desees: amor, dinero, salud, etcétera? Es una ley natural, es una ordenanza divina. El Cristo lo enseñó con las siguientes palabras que tú conoces: "Todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis". No lo he inventado yo. Está en el capítulo número 21, versículo 22 de San Mateo, y San Marcos lo expresa más claro aún: "Todo lo que pidierais orando, creed que lo recibiréis y os vendrá".

San Pablo lo dice en palabras que no tienen otra interpretación: "La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve". Más arriba te dije que la fe es la convicción del bien. Ahora te diré que la convicción viene por el conocimiento. Supongamos que tú vives en la provincia y que jamás has ido a la capital. Quieres ir a la capital y tomas el tren, el auto o el avión. Sabes dónde queda la capital y cómo dirigirte a ella. Un día te diriges hacia la capital y utilizas la forma de conducción que mejor te convenga, pero por el camino no vas a tener la idea de desviarte hacia la luna.

Si fueras un indio salvaje, podrías estar temblando de pavor por desconocer totalmente lo que te está pasando, pero siendo una persona civilizada, vas tranquilo, sabiendo que a tal o cual hora llegarás a la capital. ¿Qué es lo que te da fe? El conocimiento. La ignorancia de los principios de la creación es lo que hace que el mundo tema el mal, no sepa emplear la fe, ni siquiera lo que ella es. La fe es convicción, seguridad, pero estas tienen que estar basadas en el conocimiento de algo.

Conoces que existe la capital y vas hacia ella. Por eso sabes que no irás a parar a la luna. Ahora sabes que cuando deseas algo, si temes no obtenerlo, no lo obtendrás. Si lo niegas antes de recibirlo, como en el ejemplo dado ya de la oración que diriges a Dios, la generalidad de los humanos dice: "Dios mío, concédeme tal cosa, aunque sé que no me lo darás porque vas a pensar que no me conviene". No lo obtendrás porque de antemano lo negaste. Has confesado que no lo esperas. Déjame darte la fórmula metafísica para obtener cualquier cosa que uno desee. Es una fórmula, hay que emplearla para todo.

Compruébala por ti mismo. "Yo deseo tal cosa en armonía para todo el mundo y de acuerdo con la voluntad divina, bajo la gracia y de manera perfecta". Gracias, Padre, que ya me oíste. Ahora no dudes por un solo instante. Has empleado la fórmula mágica, has cumplido con toda la ley y no tardarás en ver tu deseo manifestado. Ten paciencia. Mientras más tranquilo esperes, más pronto verás el resultado. La impaciencia, la tensión y el ponerse a empujar mentalmente destruyen el tratamiento.

Para que conozcas lo que has hecho al repetir la fórmula, te voy a explicar el proceso detalladamente. Al tú decir "en armonía para todo el mundo", has eliminado todo peligro de que tu conveniencia perjudique a otros. Como tampoco se te hace posible desear un mal para otro, al decir "de acuerdo con la voluntad divina", si lo que tú deseas es menos que perfecto para ti, verás suceder algo mucho mejor de lo que tú esperabas. En este caso, significa que lo que estabas deseando no lo ibas a encontrar suficiente o no te iba a resultar tan bueno como tú pensabas.

La voluntad de Dios es perfecta. Al tú decir "bajo la gracia y de manera perfecta", encierra un secreto maravilloso. Pero déjame darte un ejemplo de lo que ocurre cuando no se sabe pedir "bajo la gracia y perfección". Una señora necesitaba urgentemente una suma de dinero y la pidió a sí misma para el día 15 del mes. Tenía absoluta fe de que la recibiría, pero su egoísmo e indiferencia no le inspiró pedirla con alguna consideración para nadie más. Al día siguiente, un automóvil estropeó a su hija y el día 15 del mes recibió la suma exacta que ella había pedido. Se le apagó la compañía de seguros por el accidente de su hija. Ella trabajó la ley contra ella misma. Pedir "bajo la gracia y de manera perfecta" es trabajar con la ley espiritual, la ley de Dios, que se manifiesta siempre en el plano espiritual. Allí todo es perfecto, sin obstáculos, sin inconvenientes, sin tropiezos ni daños para alguno, sin luchas ni esfuerzos. Suavecito, suavecito, todo con gran amor.

Y esa es nuestra verdad. Esa es la verdad que, al ser conocida, nos hace libres. Gracias, Padre, que ya me oíste. Es la expresión más alta de fe que podamos abrigar. Jesús le enseñó y la aplicaba en todo. Desde antes de partir el pan con que alimentó a 5000 hasta para decir cómo transformar el vino en su sangre, dando gracias al Padre antes de ver la manifestación. Como irás viendo, todo lo que enseñó Jesús fue metafísico. Todo lo que tú desees, todo lo que vayas necesitando, lo puedes manifestar. El Padre todo lo ha previsto ya, todo lo ha dado ya, pero hay que irlo pidiendo a medida que se sienta la necesidad. Solo tienes que recordar que no puedes pedir mal para otro porque se te devuelve a ti.

Y todo lo que pidas para ti, debes pedirlo también para toda la humanidad, porque todos somos hijos del mismo Padre. Por ejemplo, pide grande. El Padre es muy rico y no le gusta la mezquindad. No digas: "Ay, papá Dios, dame una casita. Solo le pido una casita, aunque no sea sino chiquitica", cuando la realidad es que tú necesitas una casa muy grande porque tu familia es numerosa. No recibirás sino lo que pides. Pide así: "Padre, dame a mí y a toda la humanidad todas las maravillas de tu reino".

Y ahora haz tu lista para irte fortificando la fe. Haz una lista de cosas que deseas o que necesitas. Enumera los objetos o las cosas. Al lado de esta lista, haz otra enumerando cosas que deseas ver desaparecer, o bien en ti mismo o en lo exterior. En el mismo papel, escribe la fórmula que ya te di más arriba. Ahora lee tu papel todas las noches. No te dejes sentir la menor duda. Da las gracias de nuevo cuántas veces pienses en lo que has escrito. A medida que veas que se te van realizando las cosas enumeradas, ve tachándolas. Y al final, cuando las veas realizadas todas, no vayas a ser tan malagradecido de pensar: "Tal vez se me iban a dar de todas maneras", porque es mentira. Se te dieron porque las pediste correctamente. Lo exterior se acomodó para dejártelas pasar.

Como ya estás muy habituado a sentir temor por una variedad de razones, cada vez que te encuentres atacado por un temor, repite la fórmula siguiente que te irá borrando el reflejo que tienes grabado en el subconsciente: "Yo no tengo miedo, no quiero el temor. Dios es amor y en toda la creación no hay nada que temer. Yo tengo fe, quiero sentir fe". Supongo que ya tú conoces el principio psicológico que dice que cuando se borra una costumbre, hay que sustituirla por otra. Cada vez que se niega o se rechaza una idea cristalizada en el subconsciente, se borra esta un poquito. El pequeño vacío que así se hace hay que llenarlo inmediatamente con una idea contraria, sino el vacío atraerá ideas de la misma clase y que siempre están suspendidas en la atmósfera, pensadas por otros.

Poco a poco irás viendo que tus temores desaparecen si es que tienes la voluntad de ser constante repitiendo la fórmula en todas las circunstancias que se vayan presentando. Poco a poco irás viendo que únicamente te sucederán las cosas como tú las deseas. "Por sus frutos los conoceréis", dijo Jesús. Este gran instrumento, el poder del decreto, se presenta a nuestra atención en aquella extraordinaria historia de la creación que encontramos en los dos primeros capítulos del Génesis en la Biblia. Yo sugiero que tomes tiempo ahora para leer este maravilloso relato. Mientras lees, te darás cuenta de que el hombre no fue creado para hacer la pieza del juego de las circunstancias, la víctima de las condiciones o un títere movido de un lado para otro por poderes fuera de su dominio.

En lugar de esto, encontramos que el hombre ocupa el pináculo de la creación, que, lejos de ser lo más insignificante del universo, es, por la misma naturaleza de los poderes que le ha dado su Creador, la suprema autoridad designada por Dios para regir la tierra y toda cosa creada. El hombre está dotado de los poderes mismos del creador porque es hecho a su imagen y según su semejanza. El hombre es el instrumento por medio del cual la sabiduría, el amor, la vida y el poder del creador espíritu se expresa en plenitud. Dios situó al hombre en un universo respondedor y obediente, incluyendo su cuerpo, sus asuntos, su ambiente, que no tiene otra alternativa que llevar a efectos los edictos o decretos de su suprema autoridad.

El poder de decretar es absoluto en el hombre. El dominio que Dios le dio es irrevocable. Y aunque la naturaleza básica del universo es buena en la evaluación del creador, puede aparecer ante el hombre solamente como él decretó que aparezca. Vemos que mientras el hombre fue obediente a su Creador, mantuvo su poder de pensar y hacer decretos a tono con el espíritu del bien, que es la estructura de la creación, vivió en un universo de bien, un jardín del Edén. Pero cuando el hombre cayó al comer del árbol del conocimiento del bien y del mal y eligió basar su pensamiento y usar sus poderes en el bien y el mal, lo que como agente libre podía hacer, inmediatamente encontró sudor y cardos mezclados con su pan de cada día. Desde la caída, el hombre se ha atareado declarando su mundo bueno o malo y sus experiencias han sido de acuerdo con sus decretos.

Esto demuestra evidentemente cómo responde el universo y cuán completo y de largo alcance son el dominio y la autoridad del hombre.

  • Capítulo 6: Amor.
Solo te falta este capítulo para terminar de conocer el primer principio de la creación, el principio de mentalismo, cuyo lema es "todo es mente". Jesucristo dijo: "Sois dioses". Así como la creación, toda ella fue un pensamiento manifestado, así el hombre, que es un Dios en potencia, crea con el pensamiento todo lo que él ve manifestado a igualdad y semejanza de su Creador. Esto ya lo aprendiste. También has aprendido la mecánica de esta creación mental, el carácter de lo creado, la fuerza que determina el carácter, la manera de cambiar el aspecto exterior de lo que hayas creado, el poder de la palabra, que es el pensamiento hablado y que, por lo tanto, confirma las órdenes que has dado con tus pensamientos.

Y finalmente, la fórmula infalible para crear, manifestar y obtener lo mejor, lo más alto, lo perfecto. Conociendo la verdad, en acatamiento a la ordenanza del maestro Jesús, sabes que esta verdad es que fuimos creados perfectos por un Creador perfecto, con la esencia perfecta del mismo, con libre albedrío para crear de manera positiva o negativa. Por lo tanto, el mal no es una creación de Dios, no tiene ningún poder frente a la verdad que desaparece al sustituir el pensamiento y la palabra positiva.

  • Jesús dijo: "No resistáis al mal", o sea, que dominemos el mal con el bien. La verdad única es el bien. De ahora en adelante, no podrás jamás volver a culpar a nadie de lo que te ocurra. Tendrás que mirarte frente a frente y preguntarte: "¿Cómo fue mi clima mental en esta circunstancia? ¿Fue positivo o negativo? ¿He sentido feo, temor? ¿Qué especie de decreto he lanzado con mis palabras?". "Por sus frutos los conoceréis". Tendrás que sincerarte y contestar la verdad. ¿Te complace lo que estás viendo o te desagrada?
  • Tú dirás: "Ahora, en metafísica cristiana decimos que Dios tiene siete aspectos: amor, verdad, vida, inteligencia, alma, espíritu y principio". Como ves, todos estos aspectos son estados invisibles mentales, pues no los podemos ver ni tocar. Sentimos y apreciamos sus efectos. Existen, actúan, son reales, son cosas y ninguno se puede negar. El amor se le llama al carácter de Dios, el primer aspecto de Dios, la fuerza más potente de todas las fuerzas y la más sensible.

Pocas personas saben lo que es realmente el amor. La mayoría cree que es aquello que se siente hacia los padres, los hijos, los esposos, los enamorados, etcétera. Afecto, cariño, atracción, antipatía y odio son todos diferentes grados de una misma cosa: sensación. El amor es muy complejo y no se puede definir con una sola palabra, pero ya que en nuestro planeta se entiende por amor la sensación, y aunque esta no es sino, como quien dice, el bordecito exterior del amor, tratemos de acercar la sensación lo más que se pueda al amor para comenzar a comprenderlo.

El punto central en la escala que va desde el odio hasta el sentimiento que allí llamamos amor es la tolerancia y la buena voluntad. Un paréntesis para recomendarte que leas y medites el capítulo 3 de Eclesiastés, que comienza: "Todo tiene su tiempo". Volvamos al amor. Aquellas madres que dicen amar tanto a sus hijos que no les permiten separarse del nido, ni casarse, ni actuar independientemente de ellas, cuando ya son hombres y mujeres mayores de edad, no aman, son egoístas.

Y lo que sienten es deseo de posesión. Aquellas novias y esposas que sufren torturas de celos, igualmente, esos tipos de amor no son otra cosa que exceso de sentimiento. Sobrepasan la medida y, por lo tanto, se van muy lejos de la tolerancia y la buena voluntad. Por lo general, el exceso de sentimiento prueba que hay falta de desarrollo de la inteligencia. Esto, sin duda, causará indignación en aquellas personas que se llenan la boca diciéndose muy sentimentales. A nadie le agrada que otro le descubra su falta de inteligencia, pero pueden comprobarlo.

El exceso de emotividad, como todo exceso, es malo. Es prueba de que falta lo que le haga contrapeso. El exceso de calor, por ejemplo, se equilibra con igual cantidad de frío para llevarlo a ser soportable o desagradable. La inteligencia es fría, la emoción es cálida. Una gran capacidad emotiva es una cualidad magnífica y muy deseable siempre que esté equilibrada con igual capacidad intelectual. Esto es lo que produce los grandes artistas. Pero el artista tiene su arte en que volcar toda su potencia emotiva. En cambio, la persona exageradamente emotiva y con poco desarrollo intelectual vuelca toda su pasión en los seres humanos que la rodean, pretende atarlos y que cumplan su antojo.

El remedio para la excesiva emotividad es pensar y reflexionar mucho. Sobre todo, ponerse a meditar durante un rato y diariamente en la inteligencia, comenzando por preguntarse: "¿Qué cosa es la inteligencia?", continuando por pensar en que todo contiene inteligencia en el universo: las plantas, los animales, etcétera, y terminando por afirmar: "Yo soy inteligente, con la inteligencia de Dios mismo, ya que soy creado de la esencia misma del Creador".

Por la inteligencia, con la inteligencia y de la inteligencia de Dios, a los pocos días de repetir este tratamiento se notará ya un cambio en la elasticidad y la penetración mental. Y con solo una semana del ejercicio, se aprecia la transformación en la forma de amar a los demás. Una serenidad y una generosidad peculiar que uno nunca se hubiera creído capaz de expresar. Al mismo tiempo, se nota un cambio total en los demás hacia uno mismo. Esto se debe a que somos individuos, o sea, indivisibles, y lo que afecta a uno afecta a todos. El escalón que subas tú ayuda a toda la raza.

Ahora pasaremos a tratar sobre el enemigo número uno de toda la humanidad: el resentimiento y el rencor, por no decir el odio. Casi no hay seres humanos que estén exentos de resentimientos, sin saber que esto amarga la vida entera, influye en mal toda manifestación y es causa de todas las decepciones que sufrimos. Aun cuando se aprenda a negar y afirmar, a conocer la verdad, a vigilar y corregir los pensamientos y las palabras, un solo resentimiento, un rencor grabado en el subconsciente y en el alma actúan como una fuentecita de hielo, emanando su gota de amargura, tiñéndolo todo y contrariando sorpresivamente nuestros mayores anhelos. Nada, ni la demostración más perfecta, puede perdurar mientras exista ese foco infeccioso malogrando nuestro propio ser.

La Biblia, las iglesias, las religiones se cansan de abogar por el perdón y el amor hacia los enemigos y todo es en vano mientras no enseñen la forma práctica de imponernos el perdón hacia los que nos hieren. Muchos se escuchan decir: "Yo perdono, pero no puedo olvidar". Mentira. Mientras uno recuerde un daño, no lo ha perdonado. Cada vez que sientas algo desagradable hacia otro, o bien que te encuentres resintiendo algo que te hayan hecho, o que te reconozcas un franco rencor o un deseo de venganza, ponte deliberadamente a recordar.

Es a recordar todo lo bueno que conoces de aquella otra persona. Trata de revivir los ratos agradables que gozaste en su compañía en tiempos pasados, anteriormente al momento que te hirió. Insiste en rememorar lo bueno, sus buenas cualidades, la forma en que pensabas de ella. Si logras reírte de algún chiste que ella dijo o de algo cómico que gozaron juntos, el milagro se ha hecho. Si no basta con un solo tratamiento, repítelo tantas veces como sea necesario para borrar el rencor o resentimiento. Te conviene hacerlo hasta 70 veces 7. Esto es el cumplimiento de la ley dada por Jesús: "No resistáis al mal". Esto es volver la otra mejilla, amar a los enemigos, bendecir a los que nos maldicen, hacer bien a los que nos aborrecen y orar por los que nos ultrajan y persiguen, todo sin exponernos a que nos pisoteen.

Si lo haces con sinceridad, te vas a dar cuenta de algo muy extraño y es que te sentirás liberado primeramente, y luego que una montaña de pequeños inconvenientes que te ocurrían y que no sabías a qué atribuir desaparecen como por encanto y tu vida marcha sobre rieles. Además de que te verás amado por todo el mundo, aún por aquellas personas que antes no te quisieron bien.

  • Capítulo 5: Decretos y afirmaciones.

Lo que sigue es para que aprendas a formular tus oraciones, que en metafísica llamamos tratamientos. Como todo el día estamos pensando y decretando, todo el día estamos orando en forma negativa o en forma positiva y creando nuestras propias condiciones, estados y sucesos. Lo importante es mantenerse en el ánimo que expresa la oración. Si después de afirmar te dejas regresar al polo negativo, destruyes el efecto de la oración.

Cuida tus pensamientos, cuida tus palabras. No te dejes arrastrar por lo que expresen otros. Recuerda que ellos ignoran lo que tú ya vas conociendo. Lo que pienses y pidas para ti, piénsalo también para los demás. Todos somos uno en espíritu y esa es la forma más efectiva de dar, mejor que pan y limosna, ya que el pan y la limosna duran solo unos instantes, mientras que la verdad se queda con el otro para siempre. Tarde o temprano, tu don espiritual te entrará en la mente consciente y habrás hecho labor de salvación en un hermano.

El principio del ritmo, que es la ley del péndulo, el boomerang, te devuelve el bien que haces. Se ha dicho que uno con Dios es la mayoría. De manera que una sola persona que eleve su conciencia al plano espiritual y reconozca la verdad de la forma expresada más arriba es capaz de salvar de la ruina a una organización, salvar de la crisis a una comunidad, una ciudad o una nación, porque actúa en el plano espiritual, que es la verdad, y esta domina a todos los planos inferiores. "Conocer la verdad y ella os hará libres".

Frente a una enfermedad propia o ajena, "no acepto esta apariencia ni para mí ni para nadie. Yo soy vida, en ti, en mí, en todo el mundo. Gracias, Padre, que me has oído". En todo caso de temor, "no acepto el temor. Dios es amor. Yo soy su hijo. Yo soy amor, hecho de amor por amor. Gracias, Padre, que me has oído". En todo caso de tristeza propia o ajena, "no acepto esto. Yo soy la alegría. Yo soy la dicha. Gracias, Padre". Frente a toda manifestación de escasez, "no acepto esta apariencia. Mi mundo contiene todo. Yo soy la abundancia de todo. Gracias, Padre, que el día de hoy todo está cubierto".

Frente a todo lo que encuentre la paz mundial o particular, "no acepto esta apariencia de conflicto. Yo soy la paz, la armonía, el orden. Todos somos uno. Perdónalos, Padre, que no saben lo que hacen. Yo perdono y me perdono. Gracias, Padre, que me has oído y siempre me oyes".

  • Capítulo 6: Metafísica de los 10 Mandamientos.

Entre las leyes llamadas de Dios que tú vas a estudiar, en cuanto te sientas con ganas de aprenderlas, hay una que se llama la ley de correspondencia. No tiene nada que ver con las cartas ni con el correo. Correspondencia significa, en este caso, lo que corresponde a otra cosa, o sea, igual a como también lo que es lo mismo.

Me explico bien. Esta ley ordena que las condiciones de cada plano o cada estado de conciencia se encuentran repetidas en todos los planos, en todas partes. Por ejemplo, siempre estamos deseando saber cómo son las características del más allá. Vamos a decir que ese más allá siempre se refiere al plano superior a la tierra o al plano inferior a la tierra. El lema de esta ley es: "Como es arriba, es abajo, y como es abajo, es arriba". Es decir que así como en la tierra tenemos gobiernos, escuelas, maestros, problemas y la forma de solucionarlos, hay manos, pies, oídos, ojos, hay sonidos, tiempo, espacio, hay flores y frutas, en fin, ya sabes lo que se quiere decir.

En cada plano, en todos los planos hay lo que corresponde a todo eso. A pesar de que esos otros planos sean invisibles para nuestros ojos terrenos, la única diferencia consiste en que, a medida que se asciende de plano, las mismas condiciones se hacen menos densas, más amplias, digamos que más puras, más bonitas, más interesantes, pero más complicadas, porque en cada plano superior hay una dimensión más que en el anterior. Esto no significa que no será difícil vivir en el plano nuevo después que abandonemos el plano viejo, no por la sencilla razón que no es más difícil para un niño caminar solo después que aprendió que no le va a ocurrir nada malo cuando se suelte.

Vamos al grano. El quinto mandamiento en la tierra dice: "No matarás". Esto nos enseña que no debemos matar, no se debe. Es malo. Pero, ¿por qué es malo? En verdad, nadie te lo dice. Simplemente no debes matar. Vamos al plano más allá. Allí hay la misma ley, solo que ella dice: "No matarás". Por más que lo intentes, no solamente no lo lograrás, sino que como el instrumento no encuentra nada que matar, se devuelve al lugar de donde salió. Lo lanzaste, tú te hiere o te golpea a ti. Eso no te gusta ni te conviene. No volverás a intentarlo. Aprendiste a no matar.

Ahora, por el momento, vamos a estudiar el sexto mandamiento: "No robarás". Este sigue el mismo principio. En la tierra se nos enseña que no se debe robar. Es malo. Tampoco se aclara lo suficiente el asunto. Y en el plano más allá, el mandamiento dice: "No puedes robar lo que no te pertenece". No lo intentes, ni siquiera. No lo podrás. Puedes procurarte un objeto igual, pero nunca el mismo. Este no se quedará contigo y regresará a su legítimo dueño. En la tierra, estos mandamientos parecían prohibiciones. En el próximo plano se te revelan como condiciones, leyes, principios. No se pueden quebrantar.

Qué felicidad. Nadie te puede matar ni robar. Tú no puedes matar a nada ni nadie. No puedes apropiarte de lo ajeno, ni nadie se puede apropiar de lo tuyo. Pero esa no es la única felicidad. Fíjate bien, cuando ya en la tierra tú eres incapaz de matar ni robar, estás preparado para aprender las condiciones del otro plano que se le llama de conciencia. Es decir, que cuando se aprende la primera lección, se pasa a aprender la segunda. ¿No es así? Bien, pero la gran felicidad es que cuando tú aprendes la segunda, no es necesario que te hayas muerto y que estés en el otro plano. Más allá no estás vivito y coleando aquí en la tierra. Aplicas la segunda lección y te asombra ver que esa ley te funciona lo mismo aquí en la tierra que en el cielo.

Es decir que cuando tú sabes que la verdad es que nadie puede matar y que nadie puede robar, nadie te matará ni te puede robar. Nadie puede llevarse tu carro de tu puerta, aunque le dejes el switch pegado. Nadie te puede arrancar la bolsa del brazo, ni meterse de noche a tu casa, ni cobrarte más de la cuenta. Nada, nada que no sea honesto te puede suceder. Lo que es tuyo, tuyo es y de nadie más. Vamos a explicarte por qué, en breves párrafos.

¿Por qué no se puede matar? ¿Qué es lo que hace funcionar esta ley? Primero sabrás que has llegado a un impasse si es que todavía no has resuelto aceptar la ley de la reencarnación. Uno de nuestros lemas metafísicos es: "Lo que no puedas aceptar, déjalo pasar". Pero sigue leyendo. Si no te gusta la idea, no reencarnes, pero tampoco adelantarás. Te quedarás estancado por la misma razón que el que no quiere aceptar que el sol va a salir mañana va a tener que meterse en un clóset todas las mañanas y permanecer allí encerrado durante todas las horas de sol, todos los días.

La ley de la evolución es una eterna experimentación y superación. Como ya asomamos más arriba en el niño que aprende a caminar y que no tiene por qué temer, ya que él solo aprende a soltarse. Tú sabes eso, que todo viene cambiando de una cosa en otra. Como el bebé que se vuelve niño, como el niño que se vuelve muchacho, como el muchacho que se vuelve adulto, luego viejo y después deja aquí el cascarón viejo y se va a buscar uno nuevo en el más allá.

Cuando un ser se muere, se encuentra en medio de una... En cada vida encarnada se ganan nuevas experiencias y se aprende a usar nuevos objetos e instrumentos que, aunque materiales aquí en la tierra, tienen su correspondencia en los otros planos invisibles. Pues, ¿qué clase de ventaja sería la de llegar a ser un acabado músico en el mundo y no poder exteriorizarlo en el próximo plano? Y has llegado a la gran explicación: lo que adquieres, ya lo sabes, los instrumentos que tuviste que emplear, aprender a usar como cubiertos, una cama, un fósforo, etcétera.

Y estos, por ser tuyos, ya aparecen automáticamente en tu vida o tus vidas, una después de la otra, porque no puedes nacer en una familia que no tiene los medios de proporcionarte lo que te pertenece por derecho de conciencia. Me hago explícita. Muchas veces ocurre que un niño viene al mundo en una familia carente de lo que él posee por derecho y resulta que pronto la familia adquiere aquello como una gran casualidad. Por esto es que no te pueden robar lo tuyo, ni tú puedes apoderarte de lo que no has ganado o superado en otra vida anterior. Por eso la gran felicidad es que, al conocer esta ley, estas condiciones, la ley funciona en este plano terreno y en todos los planos. Por consiguiente, ya puedes estar tranquilo de que nadie te puede ocasionar pérdidas ni quitarte nada, ni siquiera tu marido o tu esposa. ¿Qué puedes temer?

Y si ya lo aprendiste en esta vida, es que lo tienes por derecho de conciencia. De manera que la forma de vivir feliz es aprender la metafísica de los 10 mandamientos. Con este pequeño obsequio que te brindamos, habrás puesto tu pie en el primer escalón de la felicidad. No me cansaré de recomendarte que leas este folleto constantemente. No lo tires en la gaveta, cárgalo en tu bolsillo o tu cartera. Relee si puedes todos los días. Trata de practicarlo, recordar sus instrucciones y cuando consideres que es tiempo de que adquieras mayor instrucción, asiste a nuestras conferencias y obtén los siguientes libros. No te costará nada. Solo pagarás por los libros que quieras adquirir, pues estos hay que venderlos para poder reproducirlos.

Recibe todo nuestro amor. Que la luz de tu amada presencia "Yo soy" te envuelva, te llene, te ilumine, te guíe, te acompañe.

  • Sobre la autora. Conny Méndez nació en Caracas el 11 de abril de 1898, hija del distinguido escritor poeta Don Eugenio Méndez y Mendoza y de Doña Lastenia Guzmán de Méndez y Mendoza. Como productora, directora y actriz, dedica varios años a actividades teatrales en actos celebrados a beneficio de la Cruz Roja Internacional, periodo en el cual Doña Margarita de Guinam se desempeña como directora de dicha institución. Su obra musical consta de más de 40 composiciones, entre las que se destacan por su aceptación en el público aquellas de carácter popular, sin faltar algunas del género clásico y romántico, incluyendo un oratorio de inspiración sacra. Fue autora de todos los textos de su obra musical. Realizó giras internacionales ofreciendo conciertos de canto y guitarra.
  • Funda en 1946 el movimiento de metafísica cristiana en Venezuela, consagrándose a la enseñanza esotérica a través de sus libros y conferencias. Fue condecorada en tres oportunidades con diploma y botón de oro cuatricentenario (1967), diploma y medalla de buen ciudadano (1968), orden Diego de Lozada en dos clases (1976). Recibió además, en reconocimiento de su labor artística, cultural y humanitaria, numerosos homenajes y galardones, así como diversas placas en reconocimiento de su labor en el campo de la metafísica cristiana.

Al inicio de la década de los años 50, ya radicada en los Estados Unidos, trabajó como actriz en la obra "Camas separadas" de Terence Rattigan. En su faceta de escritora destacan sus libros "Piensa lo bueno y se te dará", "Te regalo lo que se te antoje" y "El maravilloso número 7". En sus últimos años, Conny Méndez se dedicó de lleno a su gran pasión, la metafísica, hasta que abandonó el plano terrenal el 26 de noviembre de 1979. Sus obras aún hoy en día siguen siendo valiosas herramientas para los estudiantes de metafísica alrededor del mundo.