Eclesiastés
Eclesiastés
Libro bíblico de sabiduría. Texto tomado de la Biblia Reina-Valera 1909 (Dominio Público).
Capítulo 1
Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén. Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad. ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol? Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece. Sale el sol, y pónese el sol, y apresúrase a volver al lugar de donde se levanta. El viento tira hacia el mediodía, y rodea al norte; va rodeando continuamente, y torna el viento a sus vueltas. Todos los ríos van a la mar, y la mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo. Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír. ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Y qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol. ¿Hay algo de que se pueda decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido. No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después. Yo el Predicador fui rey sobre Israel en Jerusalén. Y di mi corazón a inquirir y buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo; este penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres, para que se ocupen en él. Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu. Lo torcido no se puede enderezar; y lo falto no se puede contar. Hablé yo en mi corazón, diciendo: He aquí yo me he engrandecido, y he crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; y mi corazón ha percibido mucha sabiduría y ciencia. Y di mi corazón a conocer la sabiduría, y también a entender las locuras y desvaríos; conocí que aun esto era aflicción de espíritu. Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor.
Capítulo 2
Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes; mas he aquí esto también era vanidad. A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿Qué hace esto? Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que mi corazón me guiase con sabiduría, y echar mano a la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida. Engrandecí mis obras, edifiqué para mí casas, planté para mí viñas; Híceme huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todo fruto; Híceme estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde crecían los árboles; Compré siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa; también tuve posesión grande de vacas y de ovejas, más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; Amontoné también plata y oro, y tesoros preciados de reyes y de provincias; híceme de cantores y cantoras, y de los deleites de los hijos de los hombres, instrumentos músicos, y de todas suertes. Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; y mi sabiduría permaneció conmigo. No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno; porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena. Miré luego yo todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y no hay provecho debajo del sol.
Capítulo 3
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; Tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; Tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; Tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de alejarse de abrazar; Tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; Tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; Tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.
¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana? Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él. Todo lo hizo hermoso en su tiempo; también puso eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que Dios hace desde el principio hasta el fin. Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida; Y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce del bien de toda su labor. He entendido que todo lo que Dios hace, será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres. Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.
Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, allí impiedad; y en lugar de la justicia, allí iniquidad. Y dije yo en mi corazón: Al justo y al impío juzgará Dios; porque hay un tiempo para todo lo que se quiere, y para todo lo que se hace. Dije en mi corazón: Es por causa de los hijos de los hombres, para que Dios los pruebe, y para que vean que ellos mismos son semejantes a las bestias. Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros; y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad. Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo. ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra? Así pues, he visto que no hay cosa mejor que alegrarse el hombre en su trabajo; porque esta es su parte: porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él?
Capítulo 4
Me volví y vi todas las violencias que se hacen debajo del sol; y he aquí las lágrimas de los oprimidos, sin tener quien los consuele; y la fuerza estaba en la mano de sus opresores, y no tenían consolador. Y alabé yo a los muertos que ya murieron, más que a los vivos que hasta ahora viven. Y tuve por más feliz que ambos al que aún no ha sido, que no ha visto las malas obras que se hacen debajo del sol.
He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu. El necio cruza sus manos, y come su misma carne. Mejor es un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos con trabajo y aflicción de espíritu.
Volvíme otra vez, y vi vanidad debajo del sol. Está un hombre solo y sin sucesor, que no tiene hijo ni hermano; pero nunca cesa de trabajar, ni sus ojos se hartan de riquezas; ni se pregunta: ¿Para quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien? También esto es vanidad, y duro trabajo.
Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; mas ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no presto se rompe.
Mejor es el muchacho pobre y sabio, que el rey viejo y necio que no admite consejo; Porque de la cárcel salió para reinar; aunque en su reino nació pobre. Vi a todos los vivos que andan debajo del sol, caminando con el muchacho sucesor que estará en lugar de aquel. No tenía fin todo el pueblo que delante de él venía; sin embargo los que vengan después tampoco se alegrarán en él. Porque también esto es vanidad y aflicción de espíritu.
Capítulo 5
Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más a oír que a ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal. No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras. Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio.
Cuando a Dios hicieres promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se agrada de los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, que prometas y no cumplas. No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel que fue ignorancia; ¿por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos? Porque en la multitud de los sueños y de las muchas palabras hay vanidades; mas tú teme a Dios.
Si opresión de pobres y perversión de derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de ello; porque sobre el alto vigila otro más alto, y uno más alto que ellos. Además el provecho de la tierra es para todos; el rey mismo está sujeto a los campos.
El que ama el dinero no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener no sacará fruto. También esto es vanidad. Cuando aumentan los bienes, también aumentan los que los consumen. ¿Qué bien pues tendrá su dueño, sino verlos con sus ojos? Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho o coma poco; mas al rico no le deja dormir la hartura.
Hay un mal doloroso que he visto debajo del sol: las riquezas guardadas por sus dueños para su mal; Las cuales se pierden en malas ocupaciones; y a los hijos que engendraron, nada les queda en la mano. Como salió del vientre de su madre, desnudo volverá, yéndose tal como vino; y nada tendrá de su trabajo para llevar en su mano. Y este también es un gran mal, que como vino, así haya de volver. ¿Y de qué le aprovechó trabajar en vano? Además, todos los días de su vida comerá en tinieblas, con mucho enfado y dolor y miseria.
He aquí pues el bien que yo he visto: que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte. Asimismo, a todo hombre a quien Dios dio riquezas y bienes, y le dio también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios. Porque no se acordará mucho de los días de su vida; pues Dios le responderá con alegría de su corazón.
Capítulo 6
Hay un mal que he visto debajo del sol, y muy común entre los hombres: El del hombre a quien Dios da riquezas, y bienes, y honra, y nada le falta de todo lo que su alma desea; pero Dios no le da facultad de comer de ello, sino que lo come un extraño. Esto es vanidad, y mal doloroso. Aunque el hombre engendre cien hijos, y viva muchos años, y los días de su edad fueren muchos, si su alma no se sació del bien, y también careció de sepultura, yo digo que un abortivo es mejor que él. Porque en vano vino, y a las tinieblas va, y con tinieblas su nombre es cubierto. Además, no ha visto el sol, ni lo ha conocido; más reposo tiene éste que aquél. Y aunque viva dos mil años, sin gustar del bien, ¿no van todos a un mismo lugar?
Todo el trabajo del hombre es para su boca, y con todo eso su apetito no se sacia. Porque ¿qué más tiene el sabio que el necio? ¿Qué más tiene el pobre que supo caminar entre los vivos? Mejor es ver lo que los ojos desean, que andar vagueando el deseo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.
Respecto de lo que es, ya ha mucho que tiene nombre, y se sabe que es hombre, y que no puede contender con Aquel que es más poderoso que él. Ciertamente las muchas palabras multiplican la vanidad. ¿Qué más tiene el hombre? Porque ¿quién sabe cuál es el bien del hombre en la vida, todos los días de la vida de su vanidad, los cuales él pasa como sombra? ¿Quién enseñará al hombre qué será después de él debajo del sol?
Capítulo 7
Mejor es la buena fama que el buen ungüento; y mejor el día de la muerte que el día del nacimiento. Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón. Mejor es el pesar que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón. El corazón de los sabios está en la casa del luto; mas el corazón de los necios, en la casa de la alegría. Mejor es oír la reprensión del sabio, que la canción de los necios. Porque como el estruendo de los espinos debajo de la olla, así es la risa del necio; y también esto es vanidad.
Ciertamente la opresión hace enloquecer al sabio, y las dádivas corrompen el corazón. Mejor es el fin del negocio que su principio; mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu. No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios. Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría.
Buena es la ciencia con herencia, y provechosa para los que ven el sol. Porque la sabiduría es sombra, y el dinero es sombra; mas la excelencia de la ciencia es que da vida a sus poseedores. Mira la obra de Dios; porque ¿quién podrá enderezar lo que él torció? En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera: Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre no halle nada después de él.
Todo esto he visto en los días de mi vanidad. Justo hay que perece por su justicia, y hay impío que prolonga sus días por su maldad. No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso; ¿por qué te destruirás? No hagas mucho mal, ni seas necio; ¿por qué habrás de morir antes de tu tiempo? Bueno es que tomes esto, y también de aquello no apartes tu mano; porque aquel que a Dios teme, saldrá bien en todo.
La sabiduría fortalece al sabio más que diez poderosos que haya en una ciudad. Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque. Tampoco apliques tu corazón a todas las cosas que se hablan, para que no oigas a tu siervo cuando dice mal de ti; Porque tu corazón sabe que tú también dijiste mal de otros muchas veces.
Todo esto probé con sabiduría, diciendo: Seré sabio; pero la sabiduría se alejó de mí. Lejos está lo que fue; y lo muy profundo, ¿quién lo hallará? Me volví y apliqué mi corazón a conocer, y a escudriñar, y a buscar la sabiduría y la razón, y a conocer la maldad de la insensatez, y el error de la necedad. Y he hallado más amarga que la muerte a la mujer cuyo corazón es lazos y redes, y sus manos ligaduras. El que agrada a Dios escapará de ella; mas el pecador quedará en ella preso.
He aquí que esto he hallado, dijo el Predicador, pesando las cosas una por una para hallar la razón; Lo que aún busca mi alma, y no lo halla: un hombre entre mil he hallado; mas mujer entre todas estas nunca hallé. He aquí solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, mas ellos buscaron muchas perversiones.
Capítulo 8
¿Quién como el sabio? ¿y quién sabe la declaración de las cosas? La sabiduría del hombre ilumina su rostro, y la tosquedad de su semblante se mudará. Yo te aconsejo que guardes el mandamiento del rey y la palabra del juramento de Dios. No te apresures a irte de su presencia, ni persistas en cosa mala; porque él hará todo lo que quiere. Porque la palabra del rey es con potestad, y ¿quién le dirá: ¿Qué haces?
El que guarda el mandamiento no experimentará mal; y el corazón del sabio discierne el tiempo y el juicio. Porque para todo lo que quisieres hay tiempo y juicio; porque el mal del hombre es grande sobre él; Pues no sabe lo que ha de ser; y el cuándo haya de ser, ¿quién se lo enseñará? No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte; y no valen armas en tal guerra, ni la impiedad librará al impío.
Todo esto he visto, y he puesto mi corazón en toda obra que se hace debajo del sol; hay tiempo en que el hombre se enseñorea del hombre para mal suyo. Asimismo he visto impíos sepultados, los cuales vinieron y fueron del lugar santo; y fueron olvidados en la ciudad donde habían obrado así. Esto también es vanidad. Por cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer mal. Aunque el pecador haga mal cien veces, y prolongue sus días, con todo yo también sé que les irá bien a los que a Dios temen, los que temen ante su presencia; Y que no le irá bien al impío, ni le serán prolongados los días, que son como sombra; por cuanto no teme delante de la presencia de Dios.
Hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos a quienes sucede como si hicieran obras de impíos; y hay impíos a quienes acontece como si hicieran obras de justos. Digo que esto también es vanidad. Por tanto, alabé yo la alegría; porque no tiene el hombre bien debajo del sol, sino que coma y beba y se alegre; y que esto le quede de su trabajo los días de su vida que Dios le da debajo del sol.
Yo, pues, di mi corazón a conocer la sabiduría, y a ver la faena que se hace sobre la tierra; (porque hay quien ni de día ni de noche ve sueño en sus ojos;) Y he visto todas las obras de Dios, que el hombre no puede alcanzar la obra que se hace debajo del sol; por mucho que trabaje el hombre buscándola, no la hallará; aunque diga el sabio que la conoce, no por eso podrá alcanzarla.
Capítulo 9
Ciertamente he dado mi corazón a todas estas cosas, para declarar todo esto: que los justos y los sabios, y sus obras, están en la mano de Dios; que el hombre no conoce ni el amor ni el odio; todo está delante de ellos. Todo acontece de la misma manera a todos; un mismo suceso ocurre al justo y al impío; al bueno, al limpio y al no limpio; al que sacrifica y al que no sacrifica; como al bueno, así al que peca; al que jura, como al que teme el juramento. Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol, que un mismo suceso acontece a todos; y también el corazón de los hijos de los hombres está lleno de mal, y de insensatez en su corazón durante su vida; y después de esto se van a los muertos.
Aun para aquel que está entre los vivos hay esperanza; porque mejor es perro vivo que león muerto. Porque los vivos saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor, y su odio, y su envidia, fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol.
Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios. En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza. Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol. Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el sepulcro, adonde vas, no hay obra, ni industria, ni ciencia, ni sabiduría.
Volvíme, y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos. Porque el hombre tampoco conoce su tiempo; como los peces que son presos en la mala red, y como las aves que se prenden en lazo, así son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae de repente sobre ellos.
También vi esta sabiduría debajo del sol, la cual me parece grande: Una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella; y vino contra ella un gran rey, y la cercó, y levantó contra ella grandes baluartes; Y se halló en ella un hombre pobre y sabio, el cual libró a la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordó de aquel hombre pobre. Entonces dije yo: Mejor es la sabiduría que la fuerza; aunque la sabiduría del pobre sea menospreciada, y no sean escuchadas sus palabras. Las palabras del sabio escuchadas en quietud, son mejores que el clamor del señor entre los necios. Mejor es la sabiduría que las armas de guerra; pero un pecador destruye mucho bien.
Capítulo 10
Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura al que es estimado por sabiduría y honra. El corazón del sabio está a su mano derecha; mas el corazón del necio a su mano izquierda. Y aun cuando el necio anda por el camino, le falta cordura, y dice a todos que es necio.
Si el espíritu del príncipe se levantare contra ti, no dejes tu lugar; porque la mansedumbre hará cesar grandes ofensas. Hay un mal que he visto debajo del sol, como error que procede del príncipe: La necedad está puesta en grandes alturas, y los ricos están sentados en lugar bajo. He visto siervos a caballo, y príncipes que andaban como siervos sobre la tierra.
El que hiciere hoyo caerá en él; y al que aportillare vallado, le morderá la serpiente. Quien cortare piedras, será lastimado con ellas; el que partiere leña, en ello peligrará. Si el hierro se embotare, y su filo no fuere amolado, hay que añadir entonces más fuerza; pero la sabiduría es provechosa para dirigir.
Si muerde la serpiente antes de ser encantada, de nada sirve el encantador. Las palabras de la boca del sabio son llenas de gracia; mas los labios del necio causan su propia ruina. El principio de las palabras de su boca es necedad; y el fin de su charla nocivo desvarío. El necio multiplica palabras; no sabe nadie lo que ha de ser; y ¿quién le hará saber lo que después de él será?
El trabajo de los necios los fatiga; porque no saben por dónde ir a la ciudad. ¡Ay de ti, tierra, cuando tu rey es muchacho, y tus príncipes banquetean de mañana! Bienaventurada tú, tierra, cuando tu rey es hijo de nobles, y tus príncipes comen a su hora, para reponer sus fuerzas, y no para beber.
Por la pereza se cae la techumbre, y por flojedad de manos se llueve la casa. Por el placer se hace el banquete, y el vino alegra a los vivos; y el dinero responde a todo. Ni aun en tu pensamiento digas mal del rey, ni en lo secreto de tu cámara digas mal del rico; porque las aves del cielo llevarán la voz, y las que tienen alas harán saber la palabra.
Capítulo 11
Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás. Reparte a siete, y aun a ocho; porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra. Si las nubes fueren llenas de agua, sobre la tierra la derramarán; y si el árbol cayere al sur, o al norte, en el lugar que cayere, allí quedará. El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará.
Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas. Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes reposar tu mano; porque no sabes cuál es lo mejor, esto o aquello, o si lo uno y lo otro es igualmente bueno.
Suave ciertamente es la luz, y agradable a los ojos ver el sol; Mas aunque el hombre viva muchos años, y en todos ellos hubiere gozado de alegría, acuérdese sin embargo de los días de las tinieblas, que serán muchos. Todo cuanto viene es vanidad. Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu mocedad; y anda en los caminos de tu corazón, y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios. Quita, pues, el enojo de tu corazón, y aparta el mal de tu carne; porque la adolescencia y la juventud son vanidad.
Capítulo 12
Y acuerda de tu Criador en los días de tu juventud, antes que vengan los malos días, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento; Antes que el sol, y la luz, y la luna, y las estrellas se oscurezcan, y vuelvan las nubes tras la lluvia; Cuando temblarán los guardas de la casa, y se encorvarán los hombres fuertes, y cesarán las muelas porque han disminuido, y se oscurecerán los que miran por las ventanas; Y las puertas de afuera se cerrarán, por lo bajo del ruido de la muela; cuando se levantará a la voz del ave, y todas las hijas del canto serán abatidas; Cuando también temerán de lo que es alto, y habrá terrores en el camino; y florecerá el almendro, y la langosta será una carga, y se perderá el apetito; porque el hombre va a su morada eterna, y los endechadores andarán alrededor por las calles; Antes que la cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco de oro, y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y la rueda sea rota sobre el pozo; Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio. Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; todo es vanidad.
Y cuanto más sabio fue el Predicador, tanto más enseñó sabiduría al pueblo; e hizo escuchar, e hizo escudriñar, y compuso muchos proverbios. Procuró el Predicador hallar palabras agradables, y escribir rectamente palabras de verdad. Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor. Y demás de esto, hijo mío, sé amonestado: No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne.
El fin de todo el discurso oído es este: **Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.** Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.