Eclesiastés

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Eclesiastés

Libro bíblico de sabiduría. Texto tomado de la Biblia Reina-Valera 1909 (Dominio Público).


Capítulo 1

Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén. Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad. ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol? Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece. Sale el sol, y pónese el sol, y apresúrase a volver al lugar de donde se levanta. El viento tira hacia el mediodía, y rodea al norte; va rodeando continuamente, y torna el viento a sus vueltas. Todos los ríos van a la mar, y la mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo. Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír. ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Y qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol. ¿Hay algo de que se pueda decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido. No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después. Yo el Predicador fui rey sobre Israel en Jerusalén. Y di mi corazón a inquirir y buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo; este penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres, para que se ocupen en él. Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu. Lo torcido no se puede enderezar; y lo falto no se puede contar. Hablé yo en mi corazón, diciendo: He aquí yo me he engrandecido, y he crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; y mi corazón ha percibido mucha sabiduría y ciencia. Y di mi corazón a conocer la sabiduría, y también a entender las locuras y desvaríos; conocí que aun esto era aflicción de espíritu. Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor.

Capítulo 2

Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes; mas he aquí esto también era vanidad. A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿Qué hace esto? Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que mi corazón me guiase con sabiduría, y echar mano a la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida. Engrandecí mis obras, edifiqué para mí casas, planté para mí viñas; Híceme huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todo fruto; Híceme estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde crecían los árboles; Compré siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa; también tuve posesión grande de vacas y de ovejas, más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; Amontoné también plata y oro, y tesoros preciados de reyes y de provincias; híceme de cantores y cantoras, y de los deleites de los hijos de los hombres, instrumentos músicos, y de todas suertes. Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; y mi sabiduría permaneció conmigo. No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno; porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena. Miré luego yo todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y no hay provecho debajo del sol.

[⋯ CONTINÚA HASTA EL CAPÍTULO 12 SIN ALTERAR EL TEXTO ⋯]

Capítulo 12

Y acuerda de tu Criador en los días de tu juventud, antes que vengan los malos días, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento; Antes que el sol, y la luz, y la luna, y las estrellas se oscurezcan, y vuelvan las nubes tras la lluvia; Cuando temblarán los guardas de la casa, y se encorvarán los hombres fuertes, y cesarán las muelas porque han disminuido, y se oscurecerán los que miran por las ventanas; Y las puertas de afuera se cerrarán, por lo bajo del ruido de la muela; cuando se levantará a la voz del ave, y todas las hijas del canto serán abatidas; Cuando también temerán de lo que es alto, y habrá terrores en el camino; y florecerá el almendro, y la langosta será una carga, y se perderá el apetito; porque el hombre va a su morada eterna, y los endechadores andarán alrededor por las calles; Antes que la cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco de oro, y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y la rueda sea rota sobre el pozo; Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio. Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; todo es vanidad.

Y cuanto más sabio fue el Predicador, tanto más enseñó sabiduría al pueblo; e hizo escuchar, e hizo escudriñar, y compuso muchos proverbios. Procuró el Predicador hallar palabras agradables, y escribir rectamente palabras de verdad. Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor. Y demás de esto, hijo mío, sé amonestado: No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne.

El fin de todo el discurso oído es este: **Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.** Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.