Jesús, quiero encontrarle un propósito a mi vida
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Jesús, quiero encontrarle un propósito a mi vida.
Transcripción
Jesús, ¿para qué estoy aquí? ¿Por qué me lo preguntas? Porque siento que mi vida no tiene sentido. ¿Desde cuándo te sientes así? Hace tiempo. Me levanto, trabajo, llego cansado, me acuesto y al otro día lo mismo. ¿Y qué sientes cuando se acaba el día? Un vacío. Los días se me pasan y no hago nada que valga la pena. ¿Y qué haces con ese vacío? Hago como si nada, uso el celular, trabajo más, salgo con mi familia y amigos, pero en la noche vuelve. ¿Y qué crees que llenaría ese vacío? hacer algo grande, tener éxito, que la gente sepa quién soy.
Hubo un rey que tuvo todo eso, Salomón, palacios, riquezas, fama y no se negó ningún gusto. Ese sí tenía una vida con sentido. Eso pensaría cualquiera. Pero al final él escribió, "Todo esto es vacío. Es como querer atrapar el viento." Salomón lo tenía todo. Lo tenía todo. y aún así se sentía vacío. Entonces, ¿por qué nada me llena?
Porque mi Padre puso en tu corazón el deseo de algo eterno. Ese vacío no es un error. Es la señal de que fuiste hecho para algo más. Jesús, yo no tengo nada especial. No soy bueno en nada. Todo lo que hace mi Padre lo hace con un propósito y eso te incluye a ti. ¿Y para qué me hizo?
Eres obra suya y mi padre ya tenía preparadas cosas buenas para que tú las hicieras. Si es así, ¿por qué no las veo? Porque estás buscando metas grandes y lo que prepara mi padre casi siempre empieza pequeño. Aunque fuera así, creo que yo ya lo eché a perder.
¿Por qué lo dices? Porque perdí muchos años. Tomé malas decisiones. Dejé cosas tiradas y ese tiempo ya no vuelve. Mi padre una vez le prometió a su pueblo, "Les voy a devolver los años que se comió la plaga." Igual siento que ya es tarde para mí. Una vez mi padre le habló a un hombre que también creía que ya era tarde. Le habló desde un fuego como este. ¿Quién era? Se llamaba Moisés. Creció en el palacio del faraón como un príncipe. ¿Y qué le pasó? Quiso ayudar a su pueblo a su manera. hizo algo muy malo y tuvo que huir al desierto. Él también lo echó todo a perder.
Eso creía él. Pasó 40 años en ese desierto de príncipe a pastor de ovejas ajenas. Así estoy yo, viviendo una vida que no es la mía. Y un día, en ese desierto vio un arbusto que ardía en fuego y no se quemaba. Se acercó a mirar y mi padre lo llamó por su nombre. Después de 40 años, nunca lo olvidó y le dijo, "Te voy a mandar a sacar a mi pueblo de la esclavitud." A él después de salir huyendo.
A él. Y Moisés le respondió como tú, "¿Y quién soy yo para hacer eso?" ¿Y qué le contestó? No le dijo, "Tú eres el mejor." Le dijo, "Yo voy a estar contigo." Y no estaba muy viejo para eso. Tenía 80 años. 80. Entonces, yo todavía estoy a tiempo, más que a tiempo. ¿Y con qué iban a hacer algo tan grande? Mi padre le preguntó, "¿Qué es eso que tienes en la mano? Era un palo, el bastón viejo que usaba con las ovejas.
Solo un palo. Solo un palo. Pero con ese palo y con mi padre a su lado se paró delante del faraón y sacó a todo su pueblo de Egipto. Y esos 40 años que él creía perdidos. Mi padre no lo llamó cuando vivía en el palacio. Lo llamó en el desierto haciendo su trabajo de todos los días.
Pero tú no eres como yo. Tú viniste a salvar al mundo. Tu vida siempre tuvo sentido. ¿Sabes cuántos años viví antes de que la gente supiera quién era yo? ¿Cuántos? 30. En un pueblo pequeño, en un taller de carpintero, haciendo mesas, arreglando puertas. 30 años haciendo mesas. 30 años. De esos días casi no se escribió nada. Y cuando empecé a predicar en mi pueblo decían, "¿Y este no es el carpintero?" ¿Y no sentías que estabas perdiendo el tiempo? No, mi padre estaba conmigo en cada mesa. ¿Y sabes lo que dijo el día que salí de ese taller antes de mi primer milagro? ¿Qué dijo?
Dijo desde el cielo, "Este es mi hijo amado. Estoy muy contento con él." Antes de que hicieras algo grande. Antes no estaba contento por lo que yo había hecho, estaba contento conmigo. Entonces, mi vida no empieza a valer el día que yo haga algo grande. Tu vida ya vale y lo pequeño que hagas con amor para mi padre no es pequeño. Pero todavía no sé para dónde va mi vida.
¿Te acuerdas del señor de tu cuadra que no sabía leer? Sí. Le leía las cartas que le llegaban y le ayudaba a llenar sus papeles. A ti te tomaba 10 minutos, a él le quitabas un peso de encima. Para mí era un favor y ya. Para él no. Cada noche le daba gracias a mi padre por ti. Entonces, ¿para qué estoy aquí? Para conocerme y para amar a la gente que pongo a tu lado. Así de simple. Así de simple y así de grande.
¿Y cómo empiezo? Mañana, cuando te levantes, no me preguntes para qué estás aquí. Pregúntame qué hago hoy con lo que tengo en la mano. Y si lo que tengo no es mucho?
Moisés solo tenía un palo. Y a ti te digo lo que mi padre le dijo a él. Yo voy a estar contigo. Aunque yo no sea nadie especial. Tú no naciste por casualidad. Mi padre te escogió desde antes de crear el mundo. Naciste a propósito. Gracias, Jesús. Ahora siento que mi vida sí importa. Importa. Y esos años que crees perdidos. Otra noche te cuento de un muchacho que también lo perdió todo y de cómo lo recibió su papá cuando volvió.